Nunca pensé en abandonar mi país, pero la vida no siempre es como la planeamos y hace 28 años a mi esposo se le presentó una oportunidad de trabajo en el extranjero. Decidimos tomarla. Después de todo, se trataba de unos pocos años y luego estaríamos de regreso.

Mientras el avión remontaba el vuelo que nos alejaba de casa, mi corazón se encogía mientras trataba de controlar las lágrimas y mis miedos ya que tenía que ser fuerte delante de los niños. Nos alejábamos de nuestra gran familia hacia un país diferente, con otras costumbres y otro idioma. Mis hijos estaban asustados y valientes al mismo tiempo. Para mis niños de 8 y 9 años de edad era doblemente duro ya que ellos dejaban a su padre, sus primos, sus abuelos, sus amigos, toda su vida y no por elección propia sino por la nuestra. Estaríamos haciendo lo correcto para ellos?

Mientras empacábamos nos aseguramos de incluir fotos de todo lo que podíamos, pero no podían ser tantas como deseábamos. No pude traer conmigo los álbumes de mis niños, así que tomé un puñado de sus fotos y de fotos de la familia y dejé el resto en cajas almacenadas en casa de mis padres. Si sólo hubiera sabido entonces la manera correcta de hacerlo.

El tiempo comenzó a transcurrir y nosotros no nos encontrábamos remotamente cerca de nuestro regreso. Y la vida seguía transcurriendo para todos: graduaciones, bodas, nacimientos, celebraciones, eventos deportivos…en fin, la vida. Pero nos encontrábamos tan lejos para compartir esos momentos. Nuestra única opción era a través de las fotos que nos podíamos enviar cuando alguien viajaba. El email no era una opción válida entonces y las Redes Sociales era un concepto que aún no se encontraba en la mente de nadie. El servicio de correos de nuestro país no es muy eficiente, por lo tanto, no confiábamos en el mismo para enviar nuestras fotos. Cada vez que alguien venía de visita, aprovechábamos esa oportunidad para enviarle a nuestras familias algunos de nuestros momentos en fotos. Recuerdo que cuando algún familiar o amigo nos visitaba, tomábamos fotos de nuestros momentos juntos y teníamos que revelarlas rápidamente, con la esperanza que hubiese algunas buenas entre ellas. Algunas veces lográbamos capturar bellos momentos pero otras veces… bueno… no realmente. Pero amábamos igualmente esas fotos por su significado. Tienen que entender que a través de esas fotos compartíamos sus vidas y ellos compartían la nuestra. Eramos parte del mundo de cada uno y fue así que aprendimos a apreciar las fotos. Su valor. Su inmenso significado.

En uno de nuestros viajes visitando la familia, decidí chequear las cajas de fotos que había dejado almacenadas, con la intención de seleccionar las más importantes para traerlas conmigo. No puedo explicarles cuan devastada quedé cuando vi que la humedad y el almacenamiento inadecuado, habían destruído nuestras fotos casi en su totalidad. Salvé las que pude y el resto tuve que botarlas con el corazón encogido.

Y los años seguían pasando. Y nosotros seguíamos lejos. Nuestros hijos a veces no entendían nuestras costumbres, nuestras creencias. La historia de nuestra familia y nuestras tradiciones corrían el riesgo de perderse ante nuestros ojos y eso era algo que no podíamos permitir. Así que comencé a recolectar las fotos familiares que podía en cada uno de mis viajes. Cada una de esas fotos que me permitía contarles de donde veníamos, quienes éramos y cuales eran sus raíces. Y aunque aún es un proyecto en marcha, ya para ellos no es tan desconocida su historia.

Para los que migramos, conservar nuestra esencia y nuestras costumbres es importante para nuestra propia identidad. Aunque nos sentimos orgullosos de la nueva nacionalidad que adoptamos por decisión propia, no por eso desechamos nuestras propias raíces que nos identifican y nos definen. Y son esas fotos que compartimos y valoramos las que nos permiten seguir cerca de nuestra propia identidad y contarle a nuestros hijos quienes son, de donde vienen y compartir el orgullo de nuestra ascendencia.

No permitamos que se pierda nuestra historia porque la vida nos lleva a migrar, cualquiera sea la razón. Rescatemos esas fotos que nos permiten contarla y dejemos que esos seres que allí se encuentran representados, dejen de ser para nuestros hijos y nietos y para las futuras generaciones que nos seguirán, unos extraños escondidos en cajas. A la final, somos quienes somos porque ellos fueron quienes fueron.

 

Mili Parra Castro

Mili Parra Castro

Pictures with Magic, LLC owner

Sobre Mili

Originalmente de Caracas, Venezuela, Mili vive actualmente en el Sur de La Florida. Luego de retirarse de su carrera como programadora de computadoras y sumergirse en la historia familiar, creación de libros de fotos y organización de fotos, Mili fundó Pictures With Magic, LLC. Como una Organizadora Personal de Fotos Certificada, a Mili le encanta ayudar a la gente a organizar y traer a la vida sus memorias bajo la convicción de que cada persona tiene un lugar significativo en este mundo, con una historia valiosa que contar y compartir.